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25/04/2018

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La reforestación sigue siendo un tema pendiente en la región del Maule
Durante el primer trimestre del presente año iniciaron las labores para rehabilitar más de 280 mil hectáreas que fueron consumidas por el fuego en la región (Universidad de Talca).
09/01/2018


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La reforestación sigue siendo un tema pendiente en la región del Maule

Tras la devastación producida por los incendios forestales, llegó la calma; pero también quedó en evidencia la oscura cicatriz que dejó una huella indeleble en más de 280 mil hectáreas de bosques maulinos consumidos por el fuego.

Recuperar los suelos perdidos a través de la reforestación, es una asignatura pendiente en el país. A casi un año de ocurrida la catástrofe, aún no se ha aplicado medidas correctivas y concretas que permita la restauración de ecológica del pulmón vegetal más importante del valle central de Chile.

La principal amenaza es la erosión del suelo. Las autoridades deben luchar contra el tiempo para evitar la infertilidad de las tierras. También, el panorama es preocupante para el próximo verano, considerando que se acerca una nueva temporada de calor frente a bosques cubiertos de carbón y pasto seco, elementos altamente combustibles.

La reforestación es una operación destinada a repoblar con plantación forestales las zonas que históricamente estaban cubiertas de bosque y que habían sido intervenidas por acción natural o humana. Este proceso puede ser lento y, según los expertos, los árboles nativos requieren de 50 años para lograr una altura superior a los 12 metros.

John Gajardo, académico de la Facultad de Ciencias Forestales, señaló que en la primera etapa de este proceso es necesario contar con un diagnóstico del nivel de daño o alteración del sistema para determinar la condición del sitio y decidir el horizonte de la intervención.

“El tiempo post-incendio para reforestar puede ser breve, no obstante, esto dependerá del nivel de alteración o daño sobre el ecosistema. A mayor nivel de daño, se requiere una respuesta más rápida, pero esto conlleva una mayor inversión de tiempo, un nivel superior de intervención, recuperar otros componentes antes de reforestar, ejemplo el suelo, y más recursos involucrados”, explicó.

Por su parte, la directora regional de la Corporación Nacional Forestal (Conaf), Andrea Soto, dijo que para una adecuada reforestación se deben contemplar tres etapas: planificación, preparación o habilitación del terreno y plantación.

“La planificación contempla desde la adquisición de insumos como las plantas hasta la presentación de los estudios técnicos ante la Corporación. La habilitación de terreno en tanto, considera la cosecha del bosque anterior, la ordenación de desechos, limpias de sector a reforestar, entre otros. Realizado lo anterior, se puede efectuar la plantación que por lo general, incluye una fertilización y control de malezas”, comentó.

Reforestación

La economía forestal es de suma importancia para el Maule. Esta actividad representa el 64,8% de los cultivos en la región y el 18,2% del total nacional, según el Informe Económico Regional del año 2015.

Si bien las autoridades no manejan cifras exactas sobre los avances de reforestación post incendios forestales, Soto estimó que la superficie reforestada superará las 15.000 hectáreas para el presente año, con base en los datos que han recabado hasta el mes de noviembre. Es decir, se estaría recuperando este año el 5% de la superficie dañada.

Además, la directora constató una importante regeneración natural en los bosques afectados por el fuego, tanto en nativos como plantaciones con especies de rápido crecimiento, lo cual augura una reposición de magnitud superior a las plantaciones producto de la reforestación.

“Hemos realizado esfuerzos para reparar los daños ecológicos de los incendios. Nuestras cuentas definitivas de superficie de forestación y reforestación se realizan al finalizar la temporada estival siguiente a la plantación, a objeto de evaluar el establecimiento definitivo de las que lograron sobrevivir al verano más desfavorable de los últimos tiempos”, agregó.

Por su parte, Gajardo destacó la rapidez en la que están actuando algunas empresas forestales en la región.

“Entre las actividades destacan la siembra de avena en lugares incendiados. Esta práctica ha traído muy buenos resultados y demuestra el compromiso de la empresa con el medio ambiente”, comentó.

Otras acciones

El caso del pequeño empresario forestal es distinto, según el profesor Gajardo, esta problemática puede generar en ellos el abandono de sus predios por falta de conocimiento, asesoría y recursos para nuevas reforestaciones.

“Desde este punto de vista, creo es vital buscar un mecanismo de financiamiento donde el Estado bonifique al pequeño propietario para la conservación de bosques nativos o la replantación de las plantaciones afectadas”, acotó.

Por otra parte, durante este año ha destacado en la región del Maule la labor realizada por la Fundación Reforestemos, cuya directora, Suzanne Wylie junto al ministro del Medio Ambiente Marcelo Mena, iniciaron en julio pasado una campaña para que ciudadanos y empresas se organicen a los fines de aportar 500.000 árboles nativos del bosque maulino (Hualo, Peumo, Quillay, entre otros).

“A raíz de la emergencia pudimos articular un proyecto y en ese momento la empresa privada nos donó una gran cantidad de especies a los fines de recuperar el ecosistema de la región. Estamos mostrando la magnitud del problema y cómo los ciudadanos nos pueden ayudar para rehabilitar nuestra naturaleza”, subrayó Wylie.

La Fundación ganó en el mes de octubre un fondo del Ministerio del Medio Ambiente para restaurar flora y fauna de zonas afectadas. El proyecto denominado “Reforestación nativa y desarrollo forestal sustentable”, contempla la plantación de 60 mil árboles nativos en las comunas de Empedrado y Constitución, específicamente en los sectores de Santa Olga y Pantanillos.

Especies

Si bien el 90% de la superficie quemada en el Maule pertenecía a la actividad forestal privada con especies introducidas, expertos como Wylie consideran necesaria la reforestación de cierto porcentaje con árboles nativos a objeto de impactar positivamente en el ecosistema.

“Las especies introducidas como el pino y el eucalipto, comunes en esta región, suelen consumir mucha agua. Esto puede generar un problema en los suelos por el déficit hídrico y también con la fauna por la migración a causa de la desaparición del hábitat que necesitan. Por su parte, el árbol nativo tiene un mayor nivel de absorción del monóxido de carbono en términos de calidad y cantidad de aire”.

Sin embargo, Gajardo y Soto coincidieron en que las variedades a utilizar dependerán de la condición en que se encuentre el ecosistema afectado.

“No es lo mismo reforestar zonas severamente afectadas por incendios u otros disturbios donde se perdió toda la cobertura y composición, que reforestar zonas donde se mantiene un nivel representativo de la composición, abundancia y nivel de cobertura original. Se debe considerar en lo posible contar con un ecosistema similar al afectado, de manera que sirva de referencia para orientar las decisiones de qué poner, dónde y cuándo, ya que hay especies que son representativas en las etapas iniciales de desarrollo de un ecosistema”, explica Gajardo.

Impacto económico

Asimismo, en un sentido objetivo, el académico reconoció que la madera y la celulosa provenientes de las plantaciones forestales son productos exportables muy importantes que aportan en gran medida al Producto Interno Bruto.

“Por lo tanto, no es razonable ahora pensar en que las plantaciones con especies introducidas se acabarán. Sin embargo, las cosas pueden mejorar, especialmente si consideramos que ahora existe un protocolo para plantaciones forestales”, opinó Gajardo.

Por su parte, Soto argumentó que “no existe una mejor especie que otra, sino que algunas son más eficientes para fines y objetivos determinados. Por ejemplo, si tenemos un suelo desnudo y con una vegetación que cada año se va erosionando, se requieren de especies como el pino para que en un periodo corto puedan establecer una cobertura arbórea y frenen la erosión del suelo”.

No obstante, la directora regional de Conaf agregó que si la misión se basa en proteger los cursos de agua o establecer corredores biológicos que permitan la movilidad de la fauna, se tendría que reforestar con especies nativas.

“Lo importante es que al más breve plazo, los bosques afectados puedan restablecerse y continúen cumpliendo las funciones ambientales, económicas y sociales”, subrayó.